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          Mónica Martín

 

 

 

                    

 

   

   

   

                     

                       

                   

                   

                        

Women's House     Sin Control      Mónica Martín      Literatura Lésbica

                                                     

                                        

                      Sin Control

                           ( Fragmento)

               

 

Mi despertador sonó, como siempre, a destiempo. Intenté incorporarme bruscamente y me mareé. En efecto, las copas de más habían tenido su efecto y esa mañana, que no fue domingo vespertino, tendría que trabajar como siempre hasta las siete de la tarde. Miré al otro lado de la cama. Estaba vacía. De pronto recordé todo lo sucedido el día anterior: la cena, el número entre los cojines, el sueño, el accidente… ¡Maldita sea! No lo recordaba, aún continuaba sin medio de transporte, tendría que coger el metro. Odio el metro por las mañanas; está plagado de músicos que ganan más dinero en una semana que yo en todo el mes. Sí, es envidia malsana, pero supongo que después de haber conseguido ser como mucho una mujer normal, es lo mínimo que me permito sentir, aunque sea en detrimento de gente anónima.

Remoloneé unos minutos, acariciando las sábanas calientes donde había dormido y me pregunté por qué se había marchado tan temprano sin decirme nada. Pensé que quizá mi conducta le habría parecido ofensiva o tal vez que yo no había estado a la altura de una mujer como ella, de su experiencia, y me sentía mal por no haber sabido cómo corresponderle. Ella parecía conocer tan bien mis deseos, mis impulsos y mi cuerpo sin ningún tipo de información previa que aquella capacidad de entrega y pasión me fascinó desde el primer instante. Toda la noche pasaba delante de mis ojos constantemente: su aroma, su saliva, el tintineo de su cadena mientras lo hacíamos en el suelo, su cálida, lisa y cuidada piel. La tersura de su cuerpo, su fuerza, decisión e inteligencia, su sentido del humor. Las dudas empezaron a socavar mi alma. ¿Y si no volvía a verla? ¿Y si para ella sólo había sido otra experiencia más que querría olvidar cuanto antes? ¿Y si tenía mil amantes dispuestos y experimentados esperando su turno a las puertas de su casa? ¿Y si… yo realmente había despertado su interés y quería volver a verme? ¿Cómo iba yo a contarle al mundo que me había enamorado de una mujer, que me estaba enamorando de una mujer? Sé que parece ridículo, a menudo me he considerado a mí misma un ser débil. Quizá por ese motivo no tuve ningún reparo en llorar durante largo tiempo mientras sopesaba el giro tan violento que acababa de dar mi vida.

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